La paciencia
Oliver F. Paredes R.
Según la Real Academia Española la definición de la palabra “paciencia” es la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. Otros sinónimos que podemos encontrar son tolerancia, aguante, entereza, serenidad, tranquilidad y hasta tolerancia. Pero hoy en día son pocas las personas que pueden manejar este estado emocional. Haciendo la cola para pagar, tener que esperar el turno en el médico, manejar durante horas en el tráfico, escuchar atentamente a un hijo, sentarse a meditar, leer un libro, entre otras actividades; donde hay que tener paciencia. Son ejemplos cotidianos en donde tenemos que tener “paciencia”. Sin embargo, carecemos de la capacidad de soportar sin desespero. Cada día observamos que los hijos no oyen a los padres o viceversa, el Doctor no quiere escuchar la explicación total de su paciente, se aceleran el crecimiento de los alimentos alternando su crecimiento cronológico correcto y como estos ejemplos existen otros más, donde los seres humanos de hoy día pierden la paciencia de manera rápida sin darnos cuenta.
Los niños por naturaleza son apresurados, deseando todo de manera inmediata. Por ello el adulto debe ser considerado y capaz de tener la tolerancia para mostrársela, transmitiendo esa capacidad de paciencia del cual se les pide, pero la ausencia de esa cualidad se hace presente cuando observamos gritos, discusiones, amenazas entre otros.
Los bebés lloran para mamar, siendo un reflejo innato de supervivencia y todo debe ser inmediato. No existe tiempo de espera para empezar a comer, para hacer pipí o pupú. Similar ocurre con los niños, donde el tiempo para correr, jugar, gritar, brincar y hablar debe ser de manera rápida . No obstante, le pedimos a los pequeños “paciencia”. O mejor dicho que el adulto tenga paciencia. Respecto a la tolerancia o el temple son las personas mayores las que deben transmitir ese aprendizaje a las siguientes generaciones, cosa que no se está dando al día de hoy, producto de que la vida es acelerada y queremos todo rápido, como por ejemplo los sitios de ventas de comida rápida, publicidad en la radio y televisión..
Si un adulto no tiene la paciencia para enseñar a los niños a poseerla, no podemos esperar que tenga un comportamiento acorde a lo que el mayor desee. Colocarnos en el nivel de un niño, nos hace ser más comprensivos y empáticos; sin embargo, siempre observamos lo que acontece desde el lado adulto esperando resultados de personas con mayoría de edad y no de los niños que solo se despiertan para ser felices (correr, jugar, gritar, reír y más), en un sistema donde las reglas y capacidades como tener paciencia al prójimo no sabemos implementarlas.